Escrito en el año 1762…“Cuando varios hombres reunidos se consideran a sí mismos un solo cuerpo, no tienen más que una voluntad, que se refiere a la común conservación y al bienestar general.
Entonces, todos los resortes del Estado son vigorosos y sencillos; sus máximas son claras y luminosas; no tienen intereses embrollados, contradictorios; el bien común se muestra por todas partes claramente, y no exige sino sentido común para ser percibido.
La paz, la unión, la igualdad, son enemigos de las sutilezas políticas.
A los hombres rectos y sencillos se les engaña difícilmente, a causa de su sencillez: los ardides, los pretextos sutiles, no les infunden respeto; no son ni siquiera bastante finos para ser engañados.
Cuando se ve en la nación más feliz del mundo a grupos de campesinos resolver los asuntos del Estado bajo una encina y conducirse siempre con acierto, ¿puede uno evitar despreciar los refinamientos de las demás naciones que se hacen ilustres y miserables con tanto arte y misterio?
Un Estado gobernado de este modo necesita muy pocas leyes, y, a medida que se hace necesario promulgar algunas, esta necesidad se siente universalmente.”….
…..”Pero cuando el nudo social comienza a aflojarse y el Estado a debilitarse, cuando los intereses particulares empiezan a adquirir fuerza y las pequeñas sociedades a influir sobre la gente, el interés común se altera y encuentra oposición; ya no reina la unanimidad en las votaciones; la voluntad general ya no es la voluntad de todos; surgen contradicciones, debates, y la mejor opinión no pasa sin discusión.”…
Jean-Jacques Rousseau, El contrato social, libro 4, capítulo 1. Escrito en el año 1762.
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